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Bitácora Financiera - Contable
         
   

30.11.2012
Nuevamente IFRS al banquillo
Aunque nunca es bueno repetir el plato en una columna, lo presentado respecto de las normas internacionales de contabilidad (identificadas por la sigla IFRS) en el Congreso de Finanzas y Negocios organizado la semana pasada por Icare en conjunto con la Superintendencia de Valores y Seguros, obliga a volver a la carga con el tema.


Artículo de Guillermo Tagle.
Fuente: Diario Financiero Online

Uno de los paneles relevantes del evento fue dedicado efectivamente a analizar las consecuencias de la implementación de IFRS en Chile. Las presentaciones estuvieron a cargo de uno de los socios expertos en la materia de PwC, una representante del IASB (organismo internacional que regula estas normas), un directivo de uno de los principales inversionistas institucionales de Chile y un destacado profesor especialista en la materia. En la ocasión, la discrepancia entre los panelistas fue evidente y hasta incluso “radical”. 

Quienes defienden su implementación, destacan entre sus ventajas la universalidad de su uso, ya que la mayor parte del mundo está adoptando estas normas. En segundo lugar, es también positiva la mejor aproximación que IFRS logra al valor económico o al “verdadero valor” de los activos y pasivos. Los detractores destacan como problema, que estas normas provocan una fuerte reducción en la objetividad de las cifras. Además, en general, se renuncia la principio conservador, según el cual los incrementos de valor de los activos se reconocen sólo cuando estos se han “realizado” (el beneficio se ha materializado), mientras que las pérdidas se reconocen tan pronto son “estimadas”. La búsqueda del “valor justo” para las cuentas de los activos y pasivos (que permite IFRS), puede ocurrir independiente de si las diferencias son “realizadas” o sólo “estimadas”, generando un amplio espacio para la subjetividad, un importante deterioro en la calidad y en la confianza que se puede poner en las cifras que reportan los Estados Financieros.

La comparación más detallada de lo ocurrido en el caso de Chile, puede ser más grave. Nuestro país fue pionero al inventar la famosa “Corrección Monetaria” que permite mantener con objetividad los valores reportados por la Contabilidad, frente a los cambios de valor que produce la inflación. Chile era uno de los pocos países del mundo que tenían bien resuelto este tema. 

Hay dos elementos emblemáticos, que generan dudas respecto de la conveniencia de que Chile haya dado este paso. En Estados Unidos no se aplican las normas IFRS, la contabilidad en Norteamérica se basa en principios contables muy similares a los que regían en Chile antes de IFRS. Luego de casos tan graves como Enron y WorldCom, donde dos de los mayores fraudes de la historia económica de EEUU fueron provocados por alterar subjetivamente las cifras de la contabilidad, resulta improbable pensar que las normas IFRS puedan ser implementadas en EEUU en un futuro cercano. El segundo elemento emblemático, es que en Chile el SII obviamente no ha cambiado a IFRS las normas para la contabilidad tributaria. Para el SII la objetividad que provee valorar los activos en su costo histórico y corregirlos por inflación, será siempre “imbatible” frente a la subjetividad de usar el “valor justo”.

¿Es posible volver atrás en esta materia? Parece altamente improbable. Esto, aunque uno de los expositores calificó este cambio como similar a (o tan peregrino como) la iniciativa de introducir el “Esperanto” como lengua universal para la humanidad y para el profesor, este cambio podría ser calificado como el “Transantiago” del mundo financiero. Sin embargo, frente a un diagnóstico tan categórico, la autoridad no puede quedar indiferente. Si objetivamente hemos retrocedido, si se ha deteriorado la calidad de la información financiera, tan relevante para la transparencia y para el buen funcionamiento del mercado de capitales, hay que hacer algo. Tres alternativa se pueden considerar: (i) volver atrás (y/o adaptar la contabilidad chilena a los principios y formato de EEUU). (ii) influir ante el IASB para que mantenga el principio del costo histórico para los activos principales de la empresa y (por que no), que considere incorporar a la Corrección Monetaria como parte de las soluciones factibles de implementar cuando hay inflación. (iii) introducir normas locales que permitan recuperar la objetividad y el principio conservador, tan valiosos para la generación de Estados Financieros confiables.

Artículo de Guillermo Tagle.
Fuente: Diario Financiero Online

   
         
         
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