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24.09.2012
Su objetivo es generar valor social, pero también utilidades económicas Innovaciones y emprendimientos sociales: una nueva forma de entender los negocios
Cada vez son más los chilenos que crean negocios novedosos enfocados en solucionar problemas de carácter social y/o medioambiental. Y ya hay diversas organizaciones que impulsan esta nueva forma de mejorar el entorno.


Artículo de Marina Alías.
Fuente: Emol.com

Aunque la búsqueda de nuevas prácticas destinadas a resolver o mejorar problemas sociales ha existido a lo largo de la historia, el término "innovación social" es relativamente nuevo.

Según apuntan varias publicaciones, como la revista Paris Tech, el estudio de la innovación social surgió en los años 60 y fue conducido por teóricos como Peter Drucker o emprendedores sociales como Michael Young.

"Es aquella innovación donde la sociedad es partícipe del proceso de creación de valor y, a la vez, beneficiaria del valor creado", dice Óscar Solar, subdirector de proyectos de innovación de la Universidad de los Andes.

"Sin embargo, también podría entenderse como aquella en la cual el retorno económico no es directo o bien es a largo plazo, por lo que la sociedad completa es la que se beneficia en primera instancia", agrega.

Aunque las discusiones sobre la diferencia entre innovación tecnológica y social se hacen cada vez más patentes, lo cierto es que suelen converger.

"Una innovación social también puede ser de corte tecnológico, pero la mayor diferencia que veo es que en la innovación tecnológica la comunidad participa principalmente como usuaria", considera Solar.


SociaLab
Para el académico, el desarrollo de un smartphone con características determinadas -por ejemplo- es una innovación tecnológica realizada en un laboratorio donde la sociedad tuvo poca o nula injerencia.

"A mi juicio, para que una innovación sea social debe poner los intereses sociales o públicos por sobre los privados. Un ejemplo claro es Un Techo Para Chile", dice Solar.

Y, precisamente, a partir del Centro de Innovación Social de TECHO, se creó SociaLab, una plataforma para acelerar emprendimientos sociales disruptivos y para crear nuevos negocios de valor compartido con segmentos de bajos recursos.

"La visión es la misma de TECHO, pero la forma es distinta. Apelamos al emprendimiento por sobre el voluntariado y a los negocios por sobre la RSE tradicional o las donaciones como método para generar soluciones escalables que colaboren con la superación de la pobreza", dice Julián Ugarte, director ejecutivo de SociaLab, que fue cofundada por el Fomin del BID y Movistar Chile.

Para recibir el apoyo de la plataforma, los emprendimientos deben ser altamente innovadores y resolver problemas que afecten masivamente a personas de los segmentos de más bajos recursos; tener la capacidad de distribuir su solución-producto a más de un millón de personas en tres años y contar con un equipo muy capaz y motivado, dispuesto a dejar todo por su proyecto.

"Ese es el caso de Pablo Olivares, creador de Dandoo.tv, que hoy está abocado 100% a su emprendimiento, dejando de lado su carrera de medicina en el séptimo año", comenta Ugarte sobre uno de los primeros jóvenes que desarrollarán sus proyectos en el primer espacio "co-work" para iniciativas sociales abierto por SociaLab. Si bien esta plataforma se inspiró en TECHO, Singularity University, IDEO y en gurús como el ya fallecido C.K. Prahalad, también ha sido objeto de réplica y pronto abrirá sedes en Bogotá, Buenos Aires y Montevideo.

"Si el modelo resulta ser exitoso y generamos competencia, inspirando más y mejores plataformas de innovación social en Chile y en el mundo, es lo mejor que le podría pasar a la población de bajos recursos", dice.

Para Raúl Rivera, presidente de ForoInnovación, en el país, la innovación social está "más desarrollada de lo que creemos".

Así lo comprueba cada año a través de las postulaciones a los Premios Avonni -reconocimientos organizados en conjunto con "El Mercurio" y TVN-, que incluyen la categoría Emprendimiento Social Colbún, dedicada a innovaciones sociales.

"Por lo general, apuntan a beneficiar a la sociedad en su conjunto o a grandes grupos de personas, más que a individuos o a pequeños grupos dispuestos a, o capaces de, asumir los costos de generar esos beneficios", comenta Rivera.

"Cada vez recibimos más y mejores proyectos, y este año veremos casos concretos de cómo la revolución tecnológica, que es un gran motor de la innovación en todos los ámbitos, lo es también en el ámbito social", dice.

Para Rivera, la organización estadounidense Ashoka -presente en más de 70 países- constituye un referente mundial en materia de innovación social, mientras que Avina es un buen ejemplo a nivel regional.

"En general, el emprendimiento social está agarrando mucha fuerza en la región, salvo en algunos países donde la economía de mercado está menos desarrollada o está amenazada", explica.

Y añade: "La gente joven se está dando cuenta de que los gobiernos difícilmente pueden resolver muchos problemas que enfrentamos como sociedad, y está dispuesta a enfocar su considerable energía y capacidad innovadora en solucionarlos".

Según Rivera, varios son los ejemplos que ilustran el desarrollo del emprendimiento social en Chile, como las casas populares de Elemental, replicadas en otros países latinoamericanos y estudiadas por chinos y nigerianos como posible solución a sus problemas de vivienda popular, o el fondo de inversión filantrópico NESsT para ayudar a las ONG a sustentarse.


El avance de las Empresas B
En el ecosistema de la innovación social ha surgido un nuevo concepto de compañías: empresas B o, en inglés, "B Corps".

Surgen en EE.UU, donde ya hay 600, y la organización B Lab se perfila como motor para impulsarlas otorgando certificados "B".

"Para ser una empresa B hay que modificar legalmente los estatutos y fijar un objetivo social y/o medioambiental, aunque haya lucro", explica Juan Pablo Larenas, cofundador y director de Sistema B, plataforma latinoamericana de apoyo a la iniciativa. Chile ya tiene 15 empresas de este tipo y otras 70 están comprometidas a certificarse para julio de 2013. "Es una herramienta de gestión y una medida de transparencia para que las empresas mejoren a largo plazo", dice.

Artículo de Marina Alías.
Fuente: Emol.com

   
         
         
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