Por millennial se ha concebido a la persona que llegó a su etapa adulta después del año 2000, es decir, con el cambio de siglo, y que en conjunto, posee características particulares, tales como una personalidad de descontento y amor por la tecnología. Las edades fluctúan entre los 23 y 35 años, aun cuando algunos especialistas extienden esta grupo a los 40 años incluso.

Según las cifras disponibles actualmente el 30% de la fuerza laboral en Chile son milennials y se espera que para el año 2020 representen el 50%, por lo que las empresas están llamadas a entender a este grupo etáreo y cultural.

Es así que recientemente se presentó el estudio “Millennials en América Latina y el Caribe: ¿trabajar o estudiar?” en el que partició el Centro de Políticas Laborales de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez .

¿A qué se dedican los millennials en América Latina y el Caribe?

La encuesta mostró que el 41% de los jóvenes de la región se dedica solamente a estudiar o capacitarse. El 21% trabaja, un 17% realiza ambas actividades y el 21% restante pertenece al grupo de los ninis. En los cuatro grupos se observan diferencias significativas por género, en especial, en el grupo de los ninis, el que está conformado en su mayoría por mujeres y jóvenes de menos recursos. Por un lado, México, El Salvador y Brasil son los que muestran un mayor porcentaje de ninis (superior al 20%). En el extremo contrario se encuentra Chile, donde solamente un 14% de los jóvenes encuestados está en esa situación.

El gran dilema: estudiar o trabajar

¿Qué hay detrás de la decisión de los jóvenes cuando se bifurca el camino entre el estudio y el trabajo? Las oportunidades de acceso a la educación, los años de escolarización promedio, el nivel socioeconómico y otros elementos, como la paternidad temprana o el entorno familiar, son algunos de los principales factores que influyen en esa decisión de los jóvenes.

El Estudio evidencia que en todos los países, la prevalencia de la maternidad o paternidad temprana es mayor entre los jóvenes que se encuentran fuera del sistema educativo y del mercado laboral.

Por otra parte, existen otros factores que no se levantan usualmente en las encuestas de hogares y que la literatura en América Latina y el Caribe no ha analizado lo suficiente, pero que tienen un peso importante sobre esta decisión, como las habilidades con las que cuentan los jóvenes, la información de la que disponen acerca de los retornos educativos, sus creencias sobre las capacidades propias, así como sus expectativas y aspiraciones. La juventud supone una segunda oportunidad, después de

¿Qué tan preparados están los jóvenes?

El Estudio señala que las mediciones que se realizaron arrojan claroscuros. Por un lado, se observa un rezago importante en las habilidades cognitivas de los jóvenes de América Latina y el Caribe. Alrededor de un 40% de los encuestados no es capaz de realizar correctamente cálculos matemáticos muy sencillos, útiles para la vida diaria como repartir un monto de dinero en partes iguales. Además, los jóvenes de la muestra carecen de algunas habilidades técnicas esenciales para el nuevo mercado laboral. Por ejemplo, menos de la cuarta parte declara hablar inglés con fluidez.

La investigación añade que “de no corregirse, estas brechas de habilidades serán una limitante para alcanzar un buen desempeño en el mercado laboral”.

¿Qué saben los jóvenes del mercado laboral?

Otro aspecto relevante -según el Informe- es que los jóvenes no cuentan con suficiente información sobre la remuneración que pueden alcanzar por cada nivel de educación, lo que podría llevarlos a tomar decisiones equivocadas sobre su inversión en ella.

Los errores que cometen los jóvenes al proyectar los salarios que ofrece el mercado laboral no son idénticos. En algunos países, como en Colombia y Chile, los jóvenes sobreestiman las remuneraciones que reporta completar tanto la educación secundaria como la universitaria. Lo contrario sucede en Brasil y El Salvador, donde, en promedio, los jóvenes subestiman estos salarios, aunque en menor cuantía.

En México y Paraguay, los jóvenes sobreestiman las remuneraciones que se pueden obtener al terminar la educación universitaria, pero subestiman lo que reporta completar únicamente la secundaria. Los jóvenes de Haití, finalmente, muestran sesgos opuestos.

Fuente:  Departamento de Estudios Transtecnia

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