10.01.2012 No más regulación, sino que mejor regulación
Después de la crisis financiera del 2008, donde muchos han apuntado a la desregulación financiera en Estados Unidos como el gran culpable de la crisis subprime, pareciera que la regulación y en específico más regulación, es la respuesta por todos ostentada para prevenir nuevos sucesos y nuevas crisis. En Chile, las voces que apuntaban a que el sistema financiero avanzaba a la velocidad de las tortugas fruto del exceso de regulación, fueron acalladas por quienes alabaron este exceso de regulación como el gran responsable de que nuestro sistema financiero no colapsara, ni tuviera los mismos niveles de riesgo de los países desarrollados. Quizás algo de verdad exista en esta situación.
Es cierto que el exceso de regulación inhibió el desarrollo de instrumentos más riesgosos que son más vulnerables ante la incertidumbre y la volatilidad de la economía, sin embargo, también es cierto que el exceso de regulación en el sector financiero, así como en todo el resto de los sectores, lleva a un retraso en la innovación y desarrollo, y el sector financiero no es la excepción. Nuestro sistema financiero estaba atrasado antes de la crisis, y la crisis no ha hecho más que exacerbar los temores de quienes ya antes se oponían a un desarrollo más veloz, retrasando aún más el desarrollo y utilización de instrumentos financieros que nos permitirían servir como centro financiero para Latinoamérica. Algunos podrían pensar que no es relevante avanzar en el desarrollo del sistema financiero, que éste no aporta para el progreso del país. A ellos les recuerdo que es el desarrollo del sistema financiero y sus instrumentos el que ha permitido que hoy en Chile se pueda acceder a créditos hipotecarios a 30 años plazo, lo que ha posibilitado a un importante porcentaje de la población acceder a su casa propia, y que en la medida que el sistema financiero se desarrolle, los que hoy no tienen acceso al mismo podrán empezar a tenerlo. Nuestro sistema financiero necesita de un sistema regulatorio que vaya a la par de la velocidad y desarrollo del sistema financiero internacional, pese a que también debe fundarse en normas y leyes claras para evitar todo tipo de fraudes y abusos. La respuesta a esto no es más regulación, sino que mejor regulación, y para ello necesitamos de una institucionalidad especialmente dedicada a pensar en el desarrollo del sistema financiero, para adaptar nuestro sistema al desarrollo del sistema internacional y no quedarnos atrás.